Consejos para superar la ruptura

Discusiones de pareja

Los periodos vacacionales son, en contra de lo que pueda parecer, los momentos en los que más rupturas sentimentales se producen.

Dado que la tasa de separaciones en estas fechas supera el 30%, pasamos a comentar algunas de las causas atribuidas a este fenómeno:

 

– Justo antes de las vacaciones el estrés del trabajo llega a su punto álgido, con lo que las fricciones en la pareja se van acrecentando y suelen condicionar los preparativos y el propio viaje.

– Al convivir con la otra persona durante 24 horas se tiene tiempo para tomar conciencia de problemas y diferencias en los que habitualmente no se repara, o que se van tratando de ignorar mientras crecen.

– Además, el tiempo de ocio permite la reflexión, profundizar en la situación personal, en el futuro, atreverse a plantearse nuevos horizontes y planificar.

Las recomendaciones que se desprenden, conocida la incidencia de estas cuestiones sobre la relación, son:

Procurar cultivar un espacio de diálogo a lo largo de todo el año y no dejar que los problemas se acumulen con la esperanza de que en el periodo vacacional la situación mejore. Además de una buena comunicación, el respeto y equilibrio es fundamental para que la relación prospere.

No obstante, cuando no es posible mantener la unión y se produce la ruptura, nos encontraremos con unas etapas similares a las duelo por la pérdida. Estas fases no tienen que darse de una forma ordenada ni tener una duración similar, cada caso es distinto, aunque el hecho de conocerlas puede ayudar a normalizar lo que sentimos y por lo tanto disminuir la ansiedad del proceso.

Negación

– La primera es la llamada fase de negación: puede haber shock inicial por lo inesperado, o tratarse de una toma de conciencia tras un periodo en el que la situación, aunque evidente, no era aceptada. Esta fase responde a un mecanismo de defensa que nos permite ganar tiempo para procesar lo ocurrido y amortiguar así el impacto.

 

– Fase de negociación: la persona busca una salida aceptable a la nueva situación, ya sea pactando consigo misma o con la pareja. Es otro mecanismo que pretende frenar las consecuencias personales del cambio. Un error muy común en esta fase es pedir más y más tiempo, o bien posponer indefinidamente lo inevitable con la esperanza de que la situación mejore sin hacer cambios sustanciales.

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Salir de casa

– Fase de tristeza/depresión: cuando fracasan los mecanismos previos, la ansiedad y la angustia dan paso a la tristeza. Esta suele ser la fase más larga, donde la persona se va aislando con pensamientos negativos persistentes sobre lo ocurrido, baja la autoestima y se pierde energía y motivación. Para agilizar en lo posible esta fase y por lo tanto la resolución del duelo hay que tener en cuenta que se trata de un proceso normal, con el objetivo de no añadir más preocupación al duelo. Hay que dejar salir la tristeza y aceptar los cambios de humor. Merece la pena esforzarse por expresar lo que se siente y en este sentido apoyarse en la red social es fundamental. Hay que evitar aislarse y mantenerse ocupado para tratar de frenar los pensamientos recurrentes. El deporte puede ser un gran aliado.

Hacer deporte

– Fase de rabia/ira: Esta fase puede ir entrecruzada con la anterior. Al interpretar con cierta perspectiva lo ocurrido, es habitual sentir enfado y querer rebelarse. Aquí hay que tener en cuenta que durante el proceso de duelo estamos condicionados por lo ocurrido y no conviene tomar decisiones impulsivas o cambios muy radicales de los que nos podamos arrepentir en el futuro.

Relacionarse

– Por último, llegamos a la fase de aceptación: es un cambio progresivo el que anuncia que lo peor ha pasado y que el duelo va quedando atrás. Poco a poco se recupera la energía y se comienza a ver el futuro de otro color.

Aunque fechas significativas puedan ser problemáticas al principio, hay que tener en cuenta que todo forma parte del proceso de duelo por la separación, confiar en que tenemos las herramientas para superarlo, mantener la calma y recordar que superarlo por completo es solo cuestión de tiempo.

 

La motivación para el logro

La motivación puede definirse como la capacidad del ser humano para orientar su conducta hacia un determinado objetivo. De hecho, la mayor parte de las conductas llevadas a cabo por los seres humanos incluyen algún componente motivacional. Actualmente muchas personas recurren al psicólogo para hacer frente a problemas y dificultades en el proceso de motivación.

Los primeros teóricos del comportamiento, bajo la influencia de Darwin, estudiaron la conducta humana en la medida en que estaba controlada por fuerzas biológicas, como los instintos específicos. Si bien es cierto que este enfoque ha ido perdiendo adeptos, muchas de sus aportaciones se mantienen actualmente en el ámbito de la psicología evolutiva. En efecto, tal y como se ha comprobado en los últimos años, la idea de que las necesidades fisiológicas nos impulsan a satisfacer determinadas necesidades, proporciona sólo una explicación parcial de lo que activa y orienta la conducta humana. En este sentido, determinados factores como el hambre y el sexo incluyen tanto componentes sociales como fisiológicos. Pero además, existen otros motivos que parecen no satisfacer ninguna necesidad física. Por ejemplo, personas que tienen mucho dinero pueden motivarse para conseguir aún más dinero, los políticos para alcanzar aún más poder y los artistas de cine y deportistas famosos para conseguir cada vez más prestigio y reconocimiento. Estos son sólo algunos ejemplos de motivos que parecen no disminuir cuando están alimentados y que constituyen la denominada motivación para el logro.

La motivación para el logro se manifiesta cuando las necesidades básicas están satisfechas y los seres humanos orientan su conducta a la superación personal, a conseguir determinados objetivos personales y a la competencia en determinadas áreas. De este modo, se ha comprobado que las personas con una elevada necesidad de alcanzar logros  se caracterizan por su tendencia a preferir aquellas tareas que les supongan retos moderados y a perseverar en su consecución.

Para conseguir que los niños orienten su conducta a la consecución de logros es necesario intervenir tanto desde el hogar familiar como desde la escuela, fomentando y reforzando los logros independientes, en lugar de controlarlos en exceso con recompensas y amenazas. Diversas investigaciones realizadas al respecto han puesto de manifiesto que los hijos primogénitos son los que tienden a mostrar una mayor motivación para el logro, ya que las pautas educativas que reciben en sus hogares son diferentes a las que reciben el resto de hermanos.

El filósofo Bertrand Russell dejó constancia de su motivación y afán de superación acuñando la siguiente frase:

“Cuando una persona sabe para donde va,

el mundo entero se aparta para darle paso”.